La página 22

No podía dejar de leer y, a la vez, sentía un deseo irrefrenable de escribir. Quería vivir eternamente para crear algo la mitad de bueno que la página 22. Quería que alguien vibrase conmigo como yo lo hacía con él.

Una mezcla estúpida de vanidad y vocación, si acaso no son los mismo, me ha llevado así a este nuevo cuaderno, una página más de ese diario grabado en las servilletas de un “cualquier bar”.

 

 

 

 

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